Un respiro en la Luna
Quizá la altitud, quizá la contaminación o quizá el bullicio y caos excesivo, invitan al visitante a darse un respiro. Y nada mejor para ello que La Luna. El ritmo de la ciudad ha comenzado a bullir antes incluso del amanecer y es el momento de ‘huir’. El micro 231 te lleva desde el universo indígena a lo más occidental de La Paz. De Norte a Sur. La avenida Arce, una vez superado el atasco monumental, deja ver casonas de un valor incalculable. No en vano, el mundo diplomático se atrinchera en las embajadas que se suceden una tras otra. La francesa, la española, la estadounidense… y así hasta alcanzar una vía que nos depositaría en el Valle de la Luna, a una hora de La Paz.
El nombre elegido no es gratuito. Las formaciones calcáreas, producto de la erosión, han esculpido un paisaje casi lunar. 45 minutos para ‘perderse’ por entre esas rocas de arena prensada que emergen con formas puntiagudas y que forman profundas depresiones por las que se cuela el aire confiriendo a la estampa una sensación de difícil explicación. Una excusión de medio día que permite tomar fuerzas para coger con ánimo de nuevo La Paz. Tan sólo quedaba volver a disfrutar de otro día más en esa ciudad que invita al visitante a quedarse, al mismo tiempo que le expulsa.
Por delante tendríamos un viaje de más de 12 horas de viaje hacia un mar de sal. Opción un autobús turístico por 25 dólares o uno de línea por 12 dólares y más de 15 horas de duración. En uno o en otro, el frío se dejaría notar. Los cristales, a medida que la noche caía más profundamente y la altitud iba aumentando, comenzaban a chorrear agua helada. Era simplemente el presagio de una noche y un amanecer helador.
Por Már Peláez
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