Un paseo por la amazonía boliviana
Huimos de Cochabamba hacia la puerta de entrada a la gran llanura amazónica. Villa Tunari es sinónimo de exuberante vegetación, de bosques primarios, de fauna autóctona, de temperatura tropical, de plantaciones de coca, de deportes de aventura, de gastronomía propia… Con esas expectativas nos dirigimos a la avenida Oquendo con 9 de abril para tomar un taxi colectivo que, por 25 bolivianos cada una, nos trasladó los 166 kilómetros que nos separaban de la principal villa del Chapare boliviano.
El vehículo se deslizó por la nueva carretera, esta vez asfaltada, que enlaza Cochabamba y Santa Cruz. Sólo las zonas geológicas inestables se comían el asfalto de una vía que se abría entre vegetación cada vez más frondosa. El taxi se detuvo en plena carretera. A un lado y a otro, Villa Tunari. La oferta de naturaleza se presuponía amplia, pero la realidad es que sus habitantes parecían querer esconder esas maravillas. Nos costó, y mucho, descubrir las alternativas para adentrarnos en el Chapare sin que fuera una aventura de riesgo. Existen agencias de viajes que te organizan alguna expedición, pero no tuvimos suerte. Tras dar muchas patadas, la suerte se alió con nosotras. Conocimos a Mario, que nos proporcionó alguna clave, pero deberíamos esperar al día siguiente. Visitar Puerto San Francisco, o incluso navegar vía fluvial Ichilo-Mamoré desde Puerto Villarroel hasta Trinidad. Sugerentes propuestas para una excursión de un día o de varios.
Y, mientras tanto, nos dedicamos a recorrer esta pequeña localidad, situada entre los ríos San Mateo y Espíritu Santo, y repleta de alojamientos y restaurantes para dar respuesta a un reclamo turístico internacional. La primera parada sería el Parque Ecológico Machia, un bosque subtropical en el que conviven unos 120 tipos de árboles, pero lo más sorprendente son las especies de mono que gritan en libertad. En el extremo opuesto del pueblo, el Orquidiario, el jardín de este tipo de plantas más importante de todo Bolivia. Claro, la época, invierno, no era la mejor, y eran pocas las que se mantenían abiertas. En cualquier caso, la visita resulta interesante en cuanto se observa un gran número de especies raras o en peligro de extinción. El patujú, la flor nacional de Bolivia, es todo un espectáculo por su colorido y forma.
El calor continuaba siendo asfixiante, pese a que la noche estaba a punto de caer. La humareda que ‘viajaba’ desde Santa Cruz contribuía a aumentar esa sensación de agobio. Pero, ¿de dónde procede ese humo que oculta incluso al sol? Son los chequeos incontrolados con que muchos de los bolivianos, pero también paraguayos y brasileños, pretenden ganar zonas de bosque para el pasto. Hasta tal punto llegó la humareda que el Gobierno ordenó la movilización de miles de militares para combatir la ola de incendios forestales que cubrió de humo gran parte del país y obligó al cierre de cuatro de los diez principales aeropuertos. La visibilidad era por momentos nula. 800 focos se llegaron a contabilizar, según los periódicos del día. Cada año, pueden ser 200.000 las hectáreas de bosque que son convertidas en tierras de cultivo mediante la tala y el chaqueo.
¿Está en peligro el Amazonas? La respuesta es obvia. La única incógnita, es cuándo desaparecerá ese gran pulmón verde. Quizá no se den cuenta que es comida para hoy, hambre para mañana. Las noticias de ese mes de octubre se hacían eco de la amenaza. Llegaron incluso a titular: Holocausto natural.
Nuestros amigos de Villa Tunari -Mario, Paty, José y Roberto-, nos pusieron al tanto de los problemas que año tras año afectan a la vegetación, y por ende a los humanos. Irritación de ojos, problemas respiratorios… En torno a un exquisito churrasco departimos sobre el mundo que se esconde tras la coca en el Chapare, sobre el Gobierno, sobre los controles antinarcóticos y sobre la forma de vivir en esa localidad tropical que sólo tiene 37 años de vida. Pero, para resumirlo, necesitaría páginas y más páginas.
Por Mar Peláez
Categorías: Bolivia



