MIRADAS DEL SUR

Viajar para descubrir que esconden esas miradas

En busca de nuestro propio Che

Octubre 2nd, 2007. Escrito por vayamundos | Sin comentarios

071002-vallegrande043.jpg071002-vallegrande050.jpg

En busca de nuestro propio Che. Eso sí, para encontrarlo había que librar los trescientos kilómetros que separan Santa Cruz de la Sierra de Vallegrande. Cubrirlos lleva entre cinco y siete horas y, durante todo ese tiempo, hay que estar preparado para ‘dejarse los riñones’ en el asiento trasero del autobús gastado y achacoso. La ruta cambia de asfalto a ripio a cada instante y el trazado se vuelve sinuoso. El laberinto de caminos estrechos se abre al precipicio, a izquierda y a derecha. A ambos lados se ven las sierras secas y el imponente sistema montañoso, con quebradas de grandes rocas colgando como balcones y un aire espeso producto de la mezcla de humo y polvo. Demasiada sequía que se filtra en el interior de los vehículos, demasiado polvo rojizo. Sí, esa nube que vuelve a cubrir la calzada por la mala práctica de terratenientes y campesinos de ganar espacio al monte. Son las mismas tierras que abrigaron la marcha del Che y de sus compañeros de guerrilla hace ahora 40 años. ¿Por qué eligió una zona tan hostil? Entonces estaban infestadas de soldados bolivianos entrenados por Estados Unidos y comandados por Gary Prado. Hoy parece como que el tiempo se haya detenido.

071002-vallegrande023.jpg

Y más en Mataral, un pueblo de tránsito que dormita mientras los viajeros se preparan para los últimos 50 kilómetros de travesía por un camino de ripio que, si las promesas de los políticos se cumplen, se convertirá pronto en carretera digna.

La entrada a Vallegrande no presenta ningún elemento que se pueda asociar al Che. Ningún cartel indica que ahí mismo se comenzó a construir el mito, pero sí se respira que su recuerdo habita en todos los rincones de este pueblo venido a menos. El autobús ingresa por calles pedregosas y angostas rodeadas de casas de planta colonial, avejentadas por el tiempo y la escasez de recursos. Estamos a punto de internarnos en la Plaza en la que gira la vida de unos vallegrandinos que se sienten herederos de la historia y que presumen de tener el campanario de piedra más alto de Bolivia.

Pero nadie va a allí buscando Vallegrande, van al encuentro del Ernesto Che Guevara y cada uno lo hace bajo su prisma generacional e ideológico. La Casa de la Cultura sirve como primera toma de contacto con todas esas historias que recorren la vida y la muerte del guerrillero más universal. No en vano, fue precisamente en este enclave donde, a sus 39 años, cerró su heroica carrera de combatiente, donde se puso fin al combate de seis meses de 40 guerrilleros contra 2.000 soldados y donde su cuerpo vencido fue mostrado como si se tratara de un espectáculo circense a las autoridades y a la prensa un 9 de octubre de 1967. Comenzaba ahí su viaje a la eternidad.

Visitar el recoleto Museo del Che, desde 2004 ubicado en el segundo piso del edificio municipal, es irrumpir en su historia, en una mina de recuerdos. Allí las fotografías y los paneles ofrecen un primer paso hacia la fatal desenlace del Che en Vallegrande. Las réplicas de la ropa que usó, el falso pasaporte uruguayo con el que penetró en 1966 en el país (con el nombre de Adolfo Mena González), instantáneas poco difundidas que reseñan su vida y su ejecución, como en la que se ve su morral y su fusil, o sus diarios arrugados. Hay libros escritos por autores bolivianos que profundizan en la crónica. En ese nivel, uno indaga en la conflictiva relación que mantuvo el Che con el Partido Comunista Boliviano, al que se le acusa de haber abandonado a su suerte a la guerrilla. Él quería que la lucha fuera dirigida desde la guerrilla y no desde las oficinas de la ciudad. El PCB, después de haber estado de acuerdo, retiró su apoyo y hasta impidió que jóvenes bolivianos entrenados en Cuba llegaran hasta el campo de operaciones para ocupar sus puestos de combate. Y, mientras uno ojea libros y se detiene en esos grabados, siempre está presente la imagen-icono que más ha circulado por el mundo, la que legó el fotógrafo Korda y que tomó aquel frío marzo de 1960 en La Habana.

Eva Peña, directora del Museo Arqueológico de Vallegrande, lleva 40 años reviviendo la muerte de Ernesto Che Guevara y abre, a todo aquel que se asoma a ella, la puerta por la que Ernesto Che Guevara quería introducir su revolución. Se equivocó. Pero, ¿por qué eligió Bolivia? Pretendía instalar un centro de entrenamiento para combatientes en un país que tuviera acceso a varios. Y Bolivia limita con cinco. Irradiar en el continente americano la lucha armada para obtener la liberación de los pueblos de la opresión del imperialismo. No le dio tiempo. La falta de apoyo campesino fue notoria y muchas también las traiciones.

Frente al museo –también en la plaza- está la oficina de los guías turísticos, quienes por 20 bolivianos pueden ayudar al visitante a recorrer los lugares que el Che ‘visitó’ en el pueblo. Edil nos guió, en las afueras de Vallegrande, hasta el antiguo aeropuerto, donde se hallaron sus restos y de donde la gente retira tierra creyendo llevarse la esencia del guerrillero. Hoy, sobre la fosa común en la que descansaron sus huesos durante unos eternos 30 años, se ha construido un mausoleo en su honor y en el de sus seis compañeros abatidos; una estructura que rompe con la armonía modesta del resto de las viviendas y cuya construcción estuvo supervisada por el coronel cubano Emilio Morales. Con él, que combatió con Fidel Castro y con el Ché en Sierra Maestra a la edad de 16 años, estuvimos conversando y, también con el oficial Valladares.

Narran que el cuerpo del revolucionario fue transportado desde La Higuera a Vallegrande en los patines de un helicóptero. Después de mostrarlo como ‘trofeo de caza’ en la lavandería, lo enterraron allí, a escondidas, a hurtadillas, en un intento de borrar de la historia las huellas de un guerrillero llamado a convertirse en leyenda y por qué no también del asesinato a sangre fría de un hombre. El lugar permaneció completamente oculto hasta el 21 de noviembre de 1995, cuando de forma sorpresiva el general retirado Mario Vargas Salinas declaró a la prensa que el Che había sido sepultado bajo la pista de aterrizaje del antiguo aeropuerto de Vallegrande. No fue hasta julio de 1997 cuando los restos salieron a la luz.

La fosa cobija ahora las placas que conmemoran que allí estuvieron enterrados durante tres décadas los cuerpos de seis guerrilleros abatidos. Todo, menos las manos del Che. El ejército había ordenado cortárselas poco antes de su entierro secreto. Querían obtener una prueba irrefutable de su muerte, y éstas viajaron y cruzaron continentes. Bolivia, Rusia, La Habana. El entonces ministro de Interior boliviano, Antonio Arguedas, había decidido conservarlas en formol. Arrancaba así la historia de las manos del Che que bien podría ser el guión de una película de espionaje.

Emilio Morales y el oficial Valladares ultiman los preparativos del mausoleo para estar listos ante la auténtica peregrinación de seguidores del Che que comenzaría el día 8. El día en que se conmemoraba el cuarenta aniversario de su asesinato. Y, a tenor de los acontecimientos, la inscripción del Che que cuelga de una pared, “No hay cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución. Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América”, no se ha cumplido. Que cada uno juzgue.

La Avenida Ernesto Che Guevara, inaugurada por su hija en 2006, nos recuerda que “El eslabón más alto que puede alcanzar un ser humano es ser revolucionario” y nos conduce hasta otra de las fosas históricas, en la que ‘descansó’ Tania, la única mujer que luchó con el comandante.

Quedaba por ver lo más emocionante: la lavandería del hospital Señor de Malta. Con la caída de la tarde entramos en la ‘meca’ de la peregrinación. Apenas queda el techo y los muros que cobijan el lavadero donde Susana Osinaga, enfermera boliviana, lavó el cadáver de Guevara. El perfume a hierba recién cortada embriaga. Un pequeño búcaro conserva las flores que a diario depositan en su memoria. En esta ocasión son tulipanes amarillos. El lavadero se mantiene intacto. La única diferencia visible es que sus paredes ahora están tapizadas de nombres y de consignas. Cientos de mensajes, algunos amistosos, otros de lucha social y muchos de compromiso. En sus paredes se leen tantos idiomas como seguidores tiene en el mundo el ‘guerrillero de América’.

La soledad de la tarde hace que la sensación sea aún más sobrecogedora. Sí, es el mismo lugar por el que, hace ya 40 años, desfiló aquel 9 y 10 de octubre todo el pueblo, decenas de militares y de periodistas, ante su cadáver. Una de las tantas pintadas, escrita con trazo rápido pero firme, proclama: ¡Che, comandante, seguimos en combate! Pocas veces se percibe un privilegio así. Vivir unas horas inolvidables respirando historia. Allí se siente que las personas que marcan su tiempo pueden faltar pero siguen sumando mentes. “No porque hayas caído tu luz es menos alta”, reza otro de los graffitis. O aquel que dice “Lo mataron en cuerpo, pero ahí renace en espíritu, en ideología”. “El Che está vivo y punto”. Y en Vallegrande nadie contradice esta afirmación. Aún hoy, una misa semanal a petición de los vecinos honra su presencia en el lugar. Curioso final para un ateo convertido en mártir.

La imagen del Che no acosa al visitante, más al contrario. Hay que buscar algún vestigio de su presencia. El centro de fotocopias ofrece copias de documentos sobre la guerrilla, pero poco más. No quieren comercializar con su ‘héroe’. El inevitable fetichismo que sigue el rastro de Guevara se quiebra al llegar a Bolivia. Las fotos, eso sí,  adornan las paredes de puertas adentro de las casas. Pero en sus calles late como si en cada lugar que vio o pisó estuviera grafiteada la frase: Aquí estuvo el Che.

Con una gaseosa de la marca Che-Cola, un buen trago de mate de coca aderezada con puro alcohol y una conversación animada con dos periodistas de la agencia AFP, se apagó el día. Existe un sinfín de historias sin contar del Che, y el camino es largo.

Por Mar Peláez

Categorías: Bolivia

Escribir un comentario

Nota: La moderación de comentarios está activa. Su comentario no aparecerá hasta que el moderador lo haya aprobado.

 
Financial Red
Viajeblogs | Foro viajes | Viajes Africa | Viajes Sudamerica | Viajes Oceania | Viajes Europa | Viajes Asia | Viajes Norteamerica | Viajes TV | Viajes España